
Desde la ventana de mi habitación observo nítida y detenidamente la gran torre del Hotel Westin Libertador , erguida como una centinela y esbelta como una modelo alta y fría desfilando por una pasarela.
También puedo ver varios techos de casas contiguas y arriba de ellos, gatos correteando como si fueran niños en el parque.
Además a menudo me fijo en las personas que transitan por debajo de mi ventana, algunos solos otros acompañados, y me siento como una espía como un voyeur, porque los vigilo pero ellos no me pueden ver.
Brilla el sol aunque tapado por algunas nubes, y me fijo en el anuncio de telefónica y por solo un instante me siento feliz porque tengo un coro de bocinas y sirenas.
Cierro mi ventana.


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